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Juan Carlos Pérez
Domingo, 15 enero 2012

2012: año vasco para recordar el pasado y para continuar nuestro relato

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Porque fuimos, somos; y porque somos, seremos. Aquellos hechos que forjaron nuestro ayer son los que nos han traído al presente, seamos conscientes de ellos o no. Por ello una de las líneas de trabajo de nuestro fundador, Sabino Arana, fue la de profundizar en nuestra memoria histórica, de Bizkaia y, por ende, de toda Euzkadi para que ese sustrato cultural, histórico y político se reformulara en realidades para construir un mañana mejor a vascas y vascos, a través de la voz de Euzkadi: EAJ/PNV.


En 1212 se produjo la Batalla de las Navas de Tolosa. Famoso es el caso de las cadenas de Miramamolín, incorporadas al escudo de Navarra. O eso dicen. Porque no cuentan que el rey navarro fue a esa batalla coaccionado con la excomunión del Papa, de resultas de no encontrar razones para apoyar al señor de Castilla que por muy familiar que fuera, en conquista, tan sólo 12 años antes, le había arrebatado Araba y Gipuzkoa. Previamente se había anexionado Bizkaia, ignorando el laudo arbitral de marzo de 1177 en Londres entre Sancho VI El Sabio (sucedido por Sancho VII, que reinó entre 1194 y 1234) y Alfonso VIII de Castilla (que reinó entre 1158 y 1214). Todo ello posibilitó que Castilla se centrara en la supuesta cruzada, apostando en la conquista de territorios para su proyecto imperial.


En 1512 se culmina la conquista de Navarra a través del segundo Duque de Alba con la aquiescencia del Papado, siendo convencido de un supuesto pacto entre Navarra y Francia, sobre una guerra europea entonces en curso por parte de Fernando El Católico (inspirador de Maquiavelo para su Príncipe). Comienza ya en el siglo XII. Y que sería respondido por al menos tres contraataques navarros: en 1512, en 1516 y en 1521. El reino de Navarra, entonces sujeto de derecho internacional, seguirá existiendo al otro lado de los Pirineos. Tanto es así que en el Tratado de Utrech, tras la unión en la persona de Enrique III de Navarra en 1589, se certifica la imposibilidad legal de compatibilizar las coronas de España y de Francia, y, por ende, la nulidad de derechos de España a la corona de Navarra.


Ambos hechos puntuales responden a procesos de entidades como fueron Castilla, sobre todo, y también Francia, primero en su afán de disgregar la unión de los territorios vascos, pretendiendo subsumir su soberanía originaria del Reino de Navarra a Castilla, en un tiempo en el que la gran mayoría de los reyes consideraban los territorios bajo su dominio como patrimonio personal o familiar. Posteriormente se daría, una vez culminada la primera fase, el intento de destrucción completa del Reino de Navarra, siempre con un afán de que el pueblo que tiene el euskera como su lengua propia desapareciera de la historia, a semejanza de otros pueblos en todo el mundo que Castilla pretendió eliminar. En algunos casos con éxito, como el pueblo Guanche, pero en el caso vasco no fue así. Las diputaciones cumplieron (y cumplen) su papel de hacer país. De una forma o de otra, con una estructuración u otra, el país, Euzkadi, ha mantenido su voluntad de ser para decidir.


La profundización en el ayer nos enriquece en el conocimiento de nuestros orígenes, de nuestro pasado, de los procesos que nos han conducido a la realidad de hoy. La Fundación Sabino Arana, principalmente, lleva a cabo trabajos sobre estas y otras fechas (en 2013 se cumplen 1335 años desde la victoria en Orreaga). Parafraseando a Napoleón, un país sin memoria es como una fortaleza sin guarnición. Pero, evidentemente, el ayer no puede ser la única guía del mañana, pues el derecho a decidir implica que los que hoy vivimos en Euzkadi somos los que, en virtud de nuestros derechos y libertades, aspiremos a recuperar un estado vasco propio en el concierto europeo y mundial. Es por todo ello que 2012, además de ser año de recuerdo, es año de continuar estructurando el futuro, a través del principal instrumento del que se ha dotado el pueblo vasco en la modernidad, EAJ/PNV, y de su máxima expresión, la asamblea general, manteniendo el pulso doctrinal en pos de una Euzkadi propia, libre y en paz.

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